Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer.
Es al separarse cuando se siente y se comprende la fuerza con que se ama.
Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.
¿Qué es el arte, sino una manera de ver?
Hasta los sentimientos buenos, si se exaltan en demasía, son capaces de conducirnos a errores deplorables.
La mujer perdona las infidelidades, pero no las olvida. El hombre olvida las infidelidades, pero no las perdona.
Cuando al tirano se le puede llamar tirano el humor deja de ser necesario.
El idioma del corazón es universal: sólo se necesita sensibilidad para entenderlo y hablarlo.
Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos.
El abogado es un hábil caballero que se ocupa de cuidar nuestros bienes de nuestros enemigos para poder quedárselos él.
Como se sabe, los negocios pueden dar dinero, pero la amistad raramente lo hace.
La diplomacia te saca de un problema en el que el tacto te hubiera evitado meterte.
La lucha siempre merece la pena si el fin vale la pena y los medios son honestos.
Que terriblemente triste es que las personas están hechas de tal forma que se acostumbran a algo tan extraordinario como la vida.
Pocos hombres tienen la fuerza de carácter suficiente para alegrase del éxito de un amigo sin sentir cierta envidia.
La Realidad es aquello que, incluso aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece.
Probamos el oro en el fuego, distinguimos a nuestros amigos en la adversidad.
El único error de Dios fue no haber dotado al hombre de dos vidas: una para ensayar y otra para actuar.
Si añades un poco a lo poco y lo haces así con frecuencia, pronto llegará a ser mucho.
Hay mucha gente que no cree en nada, pero que tiene miedo de todo.