Los más obstinados suelen ser los más equivocados, como todos los que no han aprendido a dudar.
Las lágrimas más amargas que se derramarán sobre nuestra tumba serán las de las palabras no dichas y las de las obras inacabadas.
La avaricia es la más desinteresada de las pasiones, ya que exige una abnegación, a veces de magnitud heroica.
La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura.
Las palabras de un hombre muerto se modifican en las entrañas de los vivientes.
Una historia no es sólo verdad cuando se narra cómo ha sucedido, sino también cuando relata cómo hubiera podido acontecer.
En la adversidad una persona es salvada por la esperanza.
Él es mi amigo más querido y el más cruel de mis rivales, mi confidente y el que me traiciona, el que me apoya y el que de mí depende; y lo más espantoso de todo: es mi igual.
El único medio de vencer en una guerra es evitarla.
¡Qué triste es amarlo todo sin saber lo que se ama!
Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.
La añoranza es el camino previo a convertirse en estatua de sal.
Para lograr el éxito, mantenga un aspecto bronceado, viva en un edificio elegante, aunque sea en el sótano, déjese ver en los restaurantes de moda, aunque sólo se tome una copa, y si pide prestado, pida mucho.
El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno.
La grandeza no se enseña ni se adquiere: es la expresión del espíritu de un hombre hecho por Dios.
Hay una teoría infalible sobre la amistad: siempre hay que saber qué se puede esperar de cada amigo.
La pobreza ya no será sediciosa cuando la riqueza no sea opresiva.
El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.
Cuando se tiene cierta moral de combate, de poder, hace falta muy poco para dejarse llevar, para pasar a la embriaguez, al exceso.
Si la suciedad fuera un triunfo ¿Qué mano levantarías?.